Hace diez días regresé a casa. De muchos no me pude despedir. A la mayoría ni os he avisado de que volvía. Espero que me disculpéis todos. Cuando las decisiones se toman obligadas por las circunstancias suele ser un poco triste. Mi última semana en Mallorca se resume en pañuelos, pañuelos y pañuelos.
La primera versión almeriense dura desde que me parió la mamma hasta los veintidós años, que me marché a Tierras Bajas. Casi todos sabéis la historia:
limosna beca Erasmus, fiestas el primer mes y al segundo la brillante idea de echarme un novio sin pinta guiri.
Volví a casa por dos años más, lo justo para terminar la carrera y conseguir los primeros ahorros que me permitieran irme otra vez. No penséis ni por un momento que en mi tierra estaba mal, todo lo contrario. Allí tenía a la family, mis amigos de siempre y a mi rondalla pero necesitaba más. El lugar me importaba un colín y mandé curriculums a todo el continente europeo conocido, esto es, hasta donde te llevaba Racanair de oferta. Por probar, en una visita
a un amigo a Mallorca dejé un cv y me llamaron. Ahí he estado casi 6 años, sintiéndome en casa y formando una gran familia de forasters y mallorquins.
Pero "no curro, no money", y sin € poco puedo hacer.
He regresado al lugar desde donde partí, "a'n'ca la mamma". Diría que para que me cuidara y me mimara, pero no os engañéis. Encontrar espacio para mis cosas está siendo LA GUERRAAAAA.