En ocasiones, vienen sin más, te gusten o no, no se trata de tomar una decisión. Llegan y aunque cierres la puerta, pasan dentro. Otras veces son las elecciones de otros las que te afectan, y pueden hacerte la más feliz del mundo o hacerte preguntar ¿por qué esto? y todo se ve muy gris.
Cuando lo mejor que te puede pasar depende de varios puedes ganar o perder la partida. Y si pasa esto último, por mucho que insistas, por más que lo intentes, también estás en la situación gris.
La falta de decisión puede ser por miedo, confusión o indiferencia. Quien elije puede ser valiente o insensato. ¿Y si no somos conscientes de estar tomando decisiones?
Si solo tenemos un camino no hay opción a la cobardía o al arrepentimiento. Si afectan solo a uno mismo, dependerá de las ganas que tengamos. ¿Pero y si afectara a varios? ¿Debemos elegir pensando en nosotros o en los demás?¿Romper con todo es ser valiente o egoísta? ¿Hasta dónde debería uno pensar en sí mismo y hasta dónde en los demás?
Podemos ir contracorriente, y a sabiendas de que tal vez que no sirva de nada, seguir intentándolo. Tanto puedes lamentar o bendecir decidir como evitar.
Podemos ir contracorriente, y a sabiendas de que tal vez que no sirva de nada, seguir intentándolo. Tanto puedes lamentar o bendecir decidir como evitar.
¿Se os ocurren más posibilidades?